En gran medida, la Economía como ciencia social depende de algo siempre muy sutil y a menudo muy difícil: confianza. Es que “si pienso que piensas” y el otro “piensa que pienso lo que él piensa”, en el sentido de que se va a hacer “algo” (cualquiera que sea), tomamos nuestras medidas de precaución a ese “algo”. Eso se denomina interacción estratégica, tema muy estudiado y que ha dado ya varios premios Nobel (Arrow, Coase, Vickrey, Nash, etc.). Ya el premio Nobel de Economía 2005, Tom Schelling, en 1960 lo había postulado y demostrado como “punto focal”, a lo que definió como la suma de expectativas en alguna dirección o sentido.
Bajo este esquema de puntofocal, donde la mayoría piensa en qué vendrá, es que esas expectativas se traducen en acciones: esperar, adquirir o deshacerse. De paso, las “burbujas” (inmobiliarias, financieras, .com, etc.) tienen una explicación perfectamente racional dentro de su aparente irracionalidad.
Es entonces que tenemos a diferentes actores (jugadores en la terminología académica): los economistas (que están vistas sus divisiones, diferentes paradigmas y horrores frente a una u otra terminología); los medios (que viven de las noticias, preferiblemente terribles –que estalle la paz no es noticia-); los políticos (que hablan según lo que la audiencia quiera escuchar. He ahí un nuevo Homo Sapiens, el hombre eco); los agentes financieros (quienes más quienes menos, quieren seguir ganando dinero. Si es del Gobierno, ¿qué se le va a hacer pues?).
Y, finalmente, estamos nosotros, la gente, quienes contemplamos estupefactos que los diferentes jugadores -salvo excepciones- toman partido en una u otra dirección, según sus intereses (ideológicos, noticiosos, votos, dinero, etc.), y nos dejan a la deriva mientras es innegable que el tsunami de la mega recesión está en nuestras playas.
La balanza comercial del primer trimestre fue negativa (en rojo), signo de que habrán menos divisas para que el BCR salga a venderlas para mantener un tipo de cambio a todas luces artificial (insostenible en el mediano plazo pues, generalmente, los recursos son finitos), mientras “expertos” pontifican urbi et orbi que si baja el tipo de cambio bajarán las importaciones. Oiga ¿ante el último déficit trimestral de la balanza de pagos, no le parece de sentido común que eso sería conveniente?
Y eso es solo un botón. Disquisiciones bizantinas se les llamaba.
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